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Libros.: Indeleble de Sebastián Pablo Lastra PDF Imprimir E-Mail
 Sebastián Pablo Lastra / Indeleble /
1º Edición Buenos Aires, Enero de 2008 
Título del libro: "Indeleble"
 Autor: Sebastián Pablo Lastra
 Género: Cuentos y Relatos (2004-2007)           
 Páginas: 174
 Medidas: 14x21cm
 Edición: )El Asunto(
1º Edición Buenos Aires, Enero de 2008
 Valor: 10 pesos
 Contacto: sadkerouac@hotmail.com












Algo sobre el Libro (Texto Contraportada)

 

"Indeleble" es piedra transformándose en carne viva, concreto mutándose en un río de sangre y savia que fluye a través de los sentidos más ocultos y arraigados. Una única y gran huella dactilar, un mapa del dolor, de los recuerdos, de los escombros de la infancia, una bienvenida y una despedida.

Una mejilla rota que deja entrever los engranajes que dominan nuestras acciones.

 Facciones talladas en piedra, perdurables, imborrables, inalterables; como el rostro de la experiencia.

 

Algo sobre el autor:

 

Sebastián Pablo Lastra nació el 3 de noviembre de 1979 en Buenos Aires. En el año 2002 se recibió de Realizador Integral en Cine y Televisión (C.I.C) y trabajó como guionista, productor, director, camarógrafo y editor de proyectos (cortometrajes, documentales, institucionales, eventos sociales, videoclips y un largometraje: "Lejos del Sol" 2003).

En el 2006 fundó Katana Producciones, su propia productora audiovisual independiente y a principios de este año se disolvió para ser Antena Clips orientada exclusivamente a la realización de videos para bandas.

Participó en cientos de certámenes literarios (aunque ya no tiene la paciencia de aplicarse a ellos) y obtuvo premios y menciones por algunos de sus cuentos.

Nunca dejó de lado su verdadero amor por la escritura. "Indeleble" es su primera publicación y reúne una serie de relatos: dos crónicas de viaje con fuerte contenido autobiográfico y varios cuentos de ficción escritos entre los años 2004-2007.

Ahora está escribiendo "Féretro para dos", su primera novela.

 

Fragmentos Seleccionados:

 

... Se tomó la cabeza entre las manos y ahora, tan bruscamente, había empezado a dolerle; un dolor punzante, como si frías estalactitas atravesaran sus sienes y escarcharan su grasiento cabello revuelto.

Recordó que había bebido demasiado la noche anterior, tan nítida y oscura, estrellada e interminable, sin el neblinoso reproche de ningún amanecer.

Pero ahora la primera luz venía a vengarse de él y de la credulidad de su noche feliz, estancada en el tiempo, eterna.

Tenía la boca reseca. Su lengua era una agrietada porción de desierto.

Hipó una o dos veces. Su intoxicada caja torácica se sacudía como la vida residual y espasmódica de un insecto que agoniza envenenado, contracciones musculares fuera de control, un regurgitar de nicotina y alcohol emanaba de la profundidad de un volcán gástrico.

Contuvo la respiración un buen rato, congelado e inmóvil.

Sintió terror al descubrir que los pliegues de la sábana habían desaparecido, el tirante de madera había vuelto a crujir y ella giró; despertándose, mientras le sonreía con ojos entornados y somnolientos, de alguna manera prometedores.

O eso es lo que él imaginó mientras encendía un cigarrillo.

La línea recta de su ego se había torcido, ascendente, curvada a su favor; para desdoblarse al instante aturdiéndolo con el estruendo de pesadísimas  vigas oxidadas que sacaban chispas contra el cemento desnudo de su corazón... (El último Regalo)

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

... Regresaba a mi casa, solo, caminando por una irregular calle de tierra compacta y cascote triturado. Una calle de frío y de madrugada, de temblorosos pasos que tropiezan cada tanto, de manos en los bolsillos impregnadas de nicotina, de corazón que tirita y de vapor exhalado por la calidez de los órganos.

Una calle de luna recortada entre bosquecinos pinos y eucaliptos, una calle de olvidada pobreza oxidada, de ladridos improvisados; una triste calle de Sudamérica.

Me animaba la certeza de que en pocos minutos estaría acurrucado bajo las frazadas. Remendé mi soledad silbando alguna porción de melodía de tango.

 

Apareció como un bulto lejano y accidentado, justo en la intersección de cuatro esquinas, ya pavimentadas.

Me fui acercando y en el momento en que estaba por seguir de largo, di media vuelta y me puse en cuclillas.

Todo su cuerpo se sacudía intermitentemente, como una lámpara eléctrica de filamentos a punto de desunirse, como los últimos espasmos branquiales de un pez echado en tierra.

El temblor de una de sus patas parecía tener autonomía propia.

 

Le demandó un gran esfuerzo alzar su cabeza para reconocer quien era el que se había dignado a descender hasta la altura de su abandono.

Apoyé suavemente la palma de mi mano sobre su cabeza ¿tenía algún sentido mi pena, mi tardía muestra de afecto, mi dolorosa redención?.

Me sentí incapaz de abandonarlo. Me miró a los ojos y de una u otra manera me dijo sin ningún rencor o reproche: "No hay más caso... soy un condenado, siempre lo he sido - incluso desde antes de haber nacido- ya no puedes hacer nada por mí, ahora sigue de largo... con tus bolsillos y tus silbidos, directo al calor de tu sueño y tu cama".

Ya había bajado su cabeza que se rendía al pavimento de la noche. Nunca se había desprendido de sus lagañas de perro triste, de sus lágrimas solidificadas, que ahora eran más gruesas y saladas que nunca.

Lo miré por última vez y seguí mi camino, sabiendo que cuando el sol se asomara por esos elevados pinos y eucaliptos, que cuando los pájaros en la altura gorjearan los firuletes del nuevo día; allí abajo, en la intersección de cuatro esquinas ya pavimentadas, la helada muerte habría hecho su trabajo... (Los Condenados)

 

 

... Desde algún tiempo atrás ya no podía recordar los días, ni las noches, ni las horas ni los relojes. Ni un rayo indirecto de sol penetraba en la coraza de mi alma de invierno congelado, mi espíritu de ramas raquíticas y peladas, mi entusiasmo de savia estancada.

¿Por qué padecer este invierno perpetuo? Me preguntaba. Ni siquiera podía soportar el frío, ni las pesadillas del lecho de mi ser sin frazadas, un perro sufriente hecho un tembloroso ovillo de lagañas y ojos tristes, obligado a sonreír y divertir y mover la cola por dos míseros granos de alimento.

...Me recortaba en monocromo de la insoportable brillantez del césped funcional y recién cortado, parejo como una alfombra o una mesa de billar. Hasta los gorriones refrescándose en charcos parecían ser empleados de la primavera y también las palomas a control remoto que solo se apuran por una miga de pan o un grano de maíz y los nuevos niños que corren y los adolescentes que gritan y cantan y se emborrachan y los olvidados ancianos, postrando su jubilación de bastón en un banco de granito. Y allá pasan los oportunistas vendedores ofreciendo sus ramos rojos y rosas de vida muerta.

Todos representaban esta gran farsa renovada, esta obrita con escenografía de cartón corrugado de colores, los hilos de la perversidad que alguien movía para que este día en especial fuera lo que se suponía debía ser...sin importar que la sangre fuera siempre otra, ésta imagen debía prevalecer.

... Es así como iba a visitar cada año a la primavera. Nunca fue una buena anfitriona para mi, no me invitaba a su mesa, no me agasajaba y al caer la tarde me echaba dando un portazo, gritando "La primavera no es para gente como tú...no eres un huésped bien recibido, es para todos menos para ti".

Lo que resultaba coherente, si no amaba a la primavera ella no me amaría a mi.

... Pero yo solo cuelgo de un hilo con el cuello roto. Un tipo que dejo de hacerle preguntas a la vida, un hombre que se quedó sin respuestas.

Y me balanceo una mañana de primavera, con la lengua fuera y las orbitas salidas y mi expresión de terror e incomprensión, que también es la del mundo.

Al diablo con los que quieran entender y con los que jamás podrán hacerlo.

Soy nada más que un tipo que le metió un dedo en el culo a la primavera, que meó las flores y pisoteó los canteros y acribilló los gorriones y se tragó hasta el último brote verde.

¿Quién dijo que estaba prohibido hacerlo? (Permitido Suicidarse en Primavera)

 

 

... como si alguien más se ocultara bajo la máscara de su piel y (podría jurarlo) como si pequeños cuernillos hicieran fuerza por romper la barrera de su amplia frente morena, enrojecida por la sangre de la risa. Esta sensación me produce una electricidad helada que recorre mis vértebras de menor a mayor, un relámpago que toca a la velocidad de la luz el xilofón de mi sistema nervioso central.

Suena una alarma de emergencia en mi interior pero oculto la luz de las balizas giratorias en mis ojos.

Víctor prosigue: "Mi padre era un hombre de espíritu muy fuerte, un hombre valiente que dos o tres veces se acercó a la Salamanca y enfrentó al diablo. Lo miró directamente a los ojos, lo insultó, lo escupió y se marchó. La mayoría no puede resistir su imagen y muere de un soponcio instantáneo, les da un ataque al corazón fulminante, como si se los partiera un rayo, porque siempre se presenta adoptando la forma que más puede aterrorizarte; con enormes patas de gallo y ojos de..."

... Llevo la delantera y alumbro los pasos. Cada vez que me doy vuelta siento que me dominan los celos y la furia al ver a Víctor y a Rona tomados de la mano. Empiezo a sentir que ahora los dos están complotados y me resultan completamente extraños, hasta que me enajeno de ellos.

Acelero mis pasos cada vez más al punto de correr y tropezar y levantarme para volver a correr, casi dispuesto a abandonarlos creyendo que yo solo lograría llegar hasta allí abajo...cuando a ciencia cierta desconocía que deparaba mi próxima pisada en la oscuridad.

Ahora estoy en la cúspide de mi verdadera locura. Las luces del pueblo todavía aparecen demasiado lejanas pero creo que es posible arrojarme de cabeza y rodar hasta ellas después de todo. Estoy soñando un mal sueño en el que corro y corro sin poder despertar.

Voy dando grandes zancadas y de repente resbalo con mil cáscaras de bananas juntas, mis pies vuelan hacia adelante y casi me rompo la espina dorsal. Me quedo tendido en el mismo lugar sin ninguna intención de levantarme, deseando que la montaña asimilara mi carne, mis fluidos y mis huesos; desintegrándome allí mismo.

Víctor corre hacia mi a socorrerme y me toma del brazo pero me deshago de él como de un enemigo y me reincorporo. Insulto a la montaña y la pateo y tomo enormes rocas y las arrojo lo más lejos que puedo, como si eso le influyera algún daño.

... Y también pienso que uno no puede guardarse por mucho tiempo dentro de su bolso un cerro o un río o un cielo o un paisaje entero (más temprano que tarde escaparán para volver a su lugar) porque son cosas demasiado inaprensibles y abstractas y desproporcionadamente enormes, para empaquetarlas con nuestros sentidos y atarles el moño de nuestros sentimientos.

En cambio uno puede quedarse con el vuelto, esos pocos centavos de caras y ojos y frases y partiendo de lo mínimo alcanzara el cuadro absoluto de la experiencia.

Le devuelvo al río su arrullo y todas las horas que me robó al contemplarlo para quedarme para siempre con los cinco minutos de los ojos alucinados de aquel vendedor de feria nocturna que ofrecía artesanías, bijouterie y baratijas (como tu nombre grabado en un grano de arroz). Me quedo con su discurso de cinco minutos proféticos mientras no puedo hacer otra cosa que decir que sí y dar la razón, cuando habla fervientemente de volver a las raíces, del valor de la tierra, de la raza primera y de la puta gran ciudad que dejó seis años atrás, escucho a Rona de reoído romper cáscaras de maní como un elefante famélico que reprocha con los crujidos: "¿Por qué carajo se te pegan todos los locos a vos?".

 

Tenemos otro pasaje. Morimos para nacer de nuevo en la distancia, para reencarnarnos en horizonte, para romper un ataúd a patadas y entregar nuestra alma a las nubes.

Nada humano puede ser tan perfecto como esa licuefacción espiritual de ser todo en la nada.

El motor espasmódico pierde el ritmo de su carburación. El chofer sin apuros maneja en su sillón de todos los días y apila borde con borde hojas de coca, tan perfectamente como un profesional mascador y me pierdo en la habilidad de sus manos. A su lado estallan burbujas en la superficie de un vaso transparente cargado con oscura gaseosa y estoy tan sediento y tan lejos de él, que me contento con sumergirme de cabeza en su frescura imposible. (La Estrella que pasó)

 

Comentarios (3)add
a pulmón!
escrito por ecogaby , 01 05, 2008
Q groso Sebas! encontrar fragmentos de Indeleble x acá!
FELICITACIONES!! smilies/grin.gif
Leanlo, es indeleblemente recomendable!

Abrazos sentidos!
Felicidades!
escrito por Dzidzielia , 11 03, 2008
Aunk Cheeba y yo somos igual de cabr... le reconozco el feeling k tiene para escibir, la vdd señores... valdría la pena leerlo!!!

Saludos Cheeba... y FELICIDADES CHEEEEE!!! smilies/kiss.gif
Gracias!!!!!!!!!!
escrito por Sebastián Pablo Lastra , 01 03, 2008
Millón y medio de gracias muchachos por coparse con esta onda de publicar mi material!
Nos vemoss pronto smilies/wink.gif

Seba
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