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El presagio de que la noche del viernes iba a ser fabulosamente mágica y bella me acompañó todo el día. 23.20hs.: Fin de clase de Psicología Evolutiva. Calle. Gente. Amiga que me acompaña. Parada de bondi y espera. 106. Cruzar Plaza Irlanda caminando. Caminar un poco más. LLEGAR. En la puerta del lado de afuera, fumando y esperando vencer la timidez: Lucien, quien más tarde leería para lxs presentes, y demás gente amiga.
x Grisa grisanita@gmail.com
0.30 hs.: Ingresé y estaba haciendo uso del micrófono abierto Luli, también conocida como Samantha, o “la Promiscua”. Empecé a saludar a mis compañerxs al tiempo que, ansiosa, preguntaba si había abierto ella o… no, otro había estado antes, me lo señalan: Adrián. La noche anterior había podido disfrutar su lectura en el CC Pachamama y lo había invitado a que fuera al Buzón y leyera en el mic. abierto. Esta vez me lo había perdido. Aunque quería no pude escuchar a Luli, mi panza era una vorágine, en el bar había muchos afectos íntimos, y no podía dejar de responder a sus miradas que me iban saludando al entrar… Luli terminó y dio espacio a Marian, quien resueltamente nos contó intimidades de personajes como Cristian, en relatos en que sabe hacer desplegar escenas con una claridad admirable. Al finalizar las lecturas reclamó que me hiciera cargo de lo prometido, así que pidiendo permiso enseguida llegué y tomé la palabra para saludar y ofrecer el micrófono abiertamente… a lo que se acercó Juan, o RasGardel, y nos conmovió con varios escritos que recitó sumamente pasional, y por último un joven de remera verde con un signo de interrogación en el pecho, se hizo cargo de dar cierre al micrófono abierto recitando de memoria una canción. Podía leerse, por cómo lo hizo, que lo importante no era lucir cómo la recitaba, o lo bien que la había memorizado, sino transmitirnos el mensaje. Un acto bello de intención noble. Ahí sentí que pude “terminar de llegar” recién cuando la música del Tibet tras la barra estaba sonando, y saludar merecidamente a cada presente conocidx. El lugar estaba lleno de luz, lleno de expectativa, lleno de sed de poesía, de sorpresa… Una acumulación tal de energía positiva que daba gusto. Primer bloque de lectura programado, y con ustedes… ¡Lucien! De debut para todxs nosotrxs, qué honor… Trajo público propio, y nos hizo cómplices de 3 ó 4 poemas que trajo manuscritos en hojas de carpeta Nº 3. Una remera viajera tenía puesta: naranja con el flamante Principito dibujado delante. Siguió Nahuel Mura, también conocido como “Quemado”, también con una larga mesa entera de acompañantes que lo festejaban y fotografiaban, y también debutante; nos ofreció sus textos, firme, cómodo, relajado, seguro. Teresa, una de las dueñas del bar, quien cualquiera que alguna vez se acercó a la barra de seguro conoce, estaba cumpliendo años! Así que antes de que la música del Tibet estuviese nuevamente reinando, hice voz la propuesta de felicitarla juntxs cantando. Así fue, ese fue nuestro humilde regalo. ¡Feliz cumpleaños, Teresa! Y ahora sí… ¡Música, Tibet! Segundo bloque, y arranqué comentando que gracias a nuestro pequeño filántropo y amigo Agus (hijo de Carla integrante del Colectivo), íbamos a hacer un sorteo. Así fue. 4 personas se llevaron respectivamente: “Amor Devborando”, libro de Don Genaro; un vale por $6 para la barra; un precioso cuadrito hecho por Nacho, quien estaba con su feria como de costumbre; y un fanzine de Nadia, “Maldito Domingo Gris”. Continué yo, que anuncié sería una presentación algo romántica, y sentada en el suelo, como acostumbro, empecé a hacer volar en el espacio a través de mi lectura, los pájaros elegidos de mi blockcito de notas… Esa noche estaba destinada a ser especial y así lo fue, con el cosmos en cada respiración y la predisposición de los presentes, me sentí infinitamente cómoda compartiendo mi intimidad, como pocas veces. Di paso a Sebastián Oliveira, quien con absoluta soltura se presentó, compartió hermosísimamente varios escritos cortos, y luego eligió presentar a su amiga “la Avestruz Clara” señalando adonde en apariencia no había nadie, a su derecha. De repente, había logrado que toda la concurrencia de El Viejo Buzón, dividida en 3 sectores, entonara uniformemente en 3 diferentes ritmos lo que empezó siendo un saludo (“Hola Avestruz Clara”) y ahora era música que vibraba con una energía tal que colmó el espacio de encanto, descarga, euforia… y entre otras cosas dio fondo a la intervención de Poemuffin que fue invitado a trepar el ritmo del Buzón que temblaba. Finalmente, luego de algo de música del Tibet, se fue acercando el acordeón seguido por Andresito, quienes se fusionaron tocando ritmos como salsa y cumbia y pusieron a bailar a varixs… Después y durante un rato, ya que no había quórum para que dejase de tocar, acompañó las improvisaciones reggaetoneras de Marian, quien invitaba a que se sumaran otrxs a improvisar, y así lo hicieron Javito y Juan RasGardel. Lo que quedó y se vivió era la única consecuencia esperable de semejantes estallidos de euforia y ternura que habían estado sucediendo… tanto cúmulo, tanta conexión, tanto amor en el aire, tanta emoción traída de la furiosa Babilonia de la puerta para afuera, tanta electricidad que nos dejó la lluvia de esa semana y de ese mismo día… dejaron lugar a una noche candente, de emociones fuertes, una velada sumamente intensa.
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Mucha gente, buena onda, mucha alegria!!
Agus... cuantos años tenés? pa mi mas de 20, no serás un enano?? jajaj, hermoso!! se zarpa!!pierna de aquellas!!