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Diego Skliar PDF Imprimir E-Mail
   El poeta Diego Skliar, presento su libro "28 días", el sábado 14 de abril en un casa del barrio de Paternal, a su vez ya compartio 3 veladas de PU como invitado a recitar y sigue capitaniando la mañana en FM La Tribu.

Lee algunos de los días de su primera producción independiente...

Contacto.: diegoskliar@yahoo.com.ar

Todos los textos pertenecen a mi primer libro, 28 Días.

 

DÍA 1

 

Las palabras intentan definir lo que el universo manifiesta. Nuestra especie no sabe comunicar sin lastimar. Nos cuesta habitar el mundo. Se nos pide demasiado a cambio de estar vivos. No tenemos la suerte del jabalí. Nos tocó pensar, disertar, elegir, chocar, pagar, extrañar, mentir, resbalar. Apretamos los dientes, tosemos en la ducha, nos pica todo. Perdemos los nudillos en el repulgue de la mano, llegamos tarde, imploramos remedios a la pava y clemencia al reloj. Nos tocan los números, las obligaciones, Maradona y ese asunto de la terraza. No podemos vivir sin pastillas ni farol. Y sin embargo salimos al mundo tan limpios, tan normales, tan café con leche. Tenemos una vida que mantener. Pero sólo deseamos ver una fogata consumiéndose en la nieve. 

 

DÍA 4

 

            Tengo tiempo que perder y busco lugar en la plaza. Dudo si sentarme al sol o a la sombra. Verónica siempre me consultaba y yo le decía que me daba lo mismo. Entonces íbamos al sol, pero después de un rato me picaba todo. Creo que ella no va a volver. Tengo que decidir solo. Hay zonas que tienen un poco de sol y un poco de sombra. Ahora todos los idiotas hablan del equilibrio. Yo prefiero los márgenes. Elijo sombra.

            Un grupo de chicos hace picnic. Hay tres maestras que gritan y una cuarta, fuera de servicio, que fuma alejada del grupo. El alumnado está inquieto. Dos nenas rubias obligan a una paloma a tomar gaseosa. Un petiso con cara de atorrante colecciona hormigas en los bolsillos. Un grandote roba la vianda de un morochito desdentado. Éste se da cuenta y le mete una piña en el labio. Nunca hay que enojar al grandote: no paran hasta ver sangre. La maestra fumadora se reincorpora a tiempo.

            Yo me identifico con un chico de mejillas coloradas y nariz de botón. Nunca vi alguien tan nostálgico. Parece de ciento cincuenta años. Quizás tiene fiebre. Juega silencioso a enrollar y soltar la parte baja de su guardapolvo. Las mangas deben ser puro moco. No lo molestan. No gusta de nadie ni nadie gusta de él. Sin embargo no parece arisco. Simplemente está solo. Me dan ganas de llorar y lo hago. Creo que él también lo hace. Las maestras cantan a guardar a guardar cada cosa en su lugar. Todos los chicos forman filas y marchan hasta el colectivo naranja que los llevará nuevamente a la escuela. Me levanto y sigo al grupo a una distancia prudente. Suben al micro. El chofer fuma. Las maestras pasan por los asientos y tocan las cabezas de los alumnos para contarlos. Al parecer están todos. El colectivo arranca sin que alcance a ver a mi chico. Una nube de humo sale del caño de escape y quedo envuelto. Alguien debería controlar el estado de los micros.

 

DÍA 5

 

Saqué turno. Me puse en la cola. Esperé. Llené el formulario. Miré la hora. Varias veces. Hablé con la de adelante. Con el de atrás no. Le pregunté a la chica de informes. Me dio un folleto. Lo leí. Firmé al dorso. Puse el cupón con todos los otros cupones. Miré por encima del hombro de adelante. Empecé a mover el pie compulsivamente. Me pidieron que deje de hacer eso. Obedecí. Otros lo hacían y no dije nada. Miré la hora de nuevo. Otra vez. Salió una señora. Entró otra que ya había entrado antes. Protesté. Me mandaron a la mesa de informes. Me dieron un libro de quejas. Escribí. Firmé. Lo cerré. Me sonrieron. Volví a la fila pero me tuve que poner último. Perdí mi lugar. Mostré mi número. Los números son irrefutables. Me dijeron que eso ya no corría. Ahora importaba el orden de llegada. Yo había llegado antes que la mamá del nene con cara de tonto. Me dijeron que presente pruebas. Insistí con el número. Que se fijen qué número tenía la señora. Los números ya no corrían. Entonces obligué a que  pregunten a la gente dónde estaba yo. Nadie me había visto. Ni siquiera la señora de adelante con la que recordaba haber conversado. Me pidieron que me calmara. Me calmé con la ayuda del cuadro torcido en la pared del fondo. Gaviotas en una laguna un día de sol. El costado de la ruta y sus charcos que no evaporan, provisorios para siempre. La cola avanzó un lugar. Dos. Tres. Cuatro. Ya tenía gente atrás. Más de la que tenía adelante. Cinco adelante mío. Cuatro. Tres. No voy a ayudar a la vieja descompensada detrás de mí. No pienso perder mi lugar. Dos adelante. Veo la ceniza en el mostrador. El rouge en el cuello de la empleada. Sólo dos. Dos. Se frena. Dos. Miro la hora. Otra vez. Dos. Timbre. Otra vez timbre. Fin del horario de atención al cliente. Cierran. Estuvo cerca. Mañana voy a probar otra vez. Como ayer. Anteayer. Antes de antes de ayer. Y antes también. Que me atiendan. Al menos una vez en la vida. Que me atiendan.

 

DÍA 14

 

Los días no mueren de pie. Fallecen acostados y con los ojos abiertos. Piden agua y con el último suspiro acarician la mano de la noche. Creí que alguna vez pasaría algo y me equivoqué. Es como terminar un mal libro. El placer reside en acariciar una planta, secar lágrimas de otros o restaurar una silla. Tuve fiebre desde marzo hasta agosto. Busqué el antídoto en las palabras y me intoxiqué. Una gangrena fulminante y roja, como el calamar que vi de chico en la playa, empezó a atacarme en el sueño hasta que me sorprendió despierto. No supe combatir la enfermedad: es complicado vencer lo que está adentro del cuerpo y debajo de la piel. Uno puede aplastar un mosquito o inclusive disparar a un león o vencer a un soldado, pero ¿cómo hacer con la araña que camina por nuestras vísceras y teje su tela entre las venas? Creo que mi corazón cayó en la trampa. El sonido rasposo que nadie escucha es la araña salivando a la presa. En la boca, el sabor de la manzana rallada que comen los enfermos. Por primera vez siento que tengo sangre. Asoma una idea que se parece a una revelación que ya no podré compartir. El ventilador me causa la breve felicidad que dan todos los materiales. Me distraje en los placeres vagos y olvidé buscar en el mundo la forma que se me presenta cuando cierro los ojos. Ahora hay una araña paciente haciendo en mí su mejor obra.

 

DÍA 15

 

Tenía una tarde tranquila hasta que se me volcó el té. Las tazas ya no son como antes. Hace poco vi un informe en televisión sobre accidentes cotidianos que producen esterilidad. Espero que sea otra de las tantas mentiras que se dicen. Lo cierto es que estoy quemado y sin reacción. No sé si primero debo secar el piso o quitarme la ropa mojada. Sería ridículo pasar el trapo en calzoncillos. No tengo pantalones limpios y acabo de comprender que la idea que tenía para un cuento era robada. Los superhéroes nunca vienen cuando los necesito. Creo que tengo quemaduras de segundo grado. El año que viene aprenderán fracciones y regla de tres simple. Siempre soñé con una muerte que me tome por sorpresa. Pero esto es el colmo. 

 

DÍA 16

 

Dejé todas las luces prendidas. Me adentré en la oscuridad del camino de tierra hasta la ruta. Entre los cantos de rana me acordé del bazar en Oriente. Creo que tuve un barco y fui dueño de algo más. Un bar donde los hombres se palmeaban rudo. Después perdí veinte kilos por la crisis alemana y no recibí más noticias de mi hija belga. Creo que estaba en Temperley cuando cayó la Unión Soviética. Invertí en Mar Chiquita, pero en el camión murieron los pingüinos que traía del sur y perdí. Formé una familia en Haedo pero se ahogaron todos en mi vaso. Manejé a dos pendejos que vendían despertadores y magiclic. Traje piletas de lona y exporté petardos a Brasil. Boxeé a mi socio en el baño de un avión. Quisieron deportarme de Méjico pero enamoré a un Ministro a tiempo. Me dejó por su mujer. Armé una banda con mucho groove y la hice escalar alto en los rankings de Potosí. Fui a Canadá buscando ideas para un local. Encontré a dos hermanas puertorriqueñas que hablaban de Dios. Se cayó el inversor y me hice ateo. Le enseñé golf a un par de presidentes. Me casé en un yate y me separé en una moto. Me ofrecieron dirigir una clínica, pero no tenía tomógrafo y desistí. Puse todo al nueve y gané. La guita se fue en juicios y otros placeres. Entonces ese asunto de comer pasó de moda y enfermé. El médico dijo que eran seis meses en una quinta o ver la jeta de las lombrices. Obedecí por primera vez. Miré el pasto, relajé la vista, me dediqué a regar, cocinar y dormir. No soporté ni una quincena. Me fui y dejé todas las luces prendidas. 

 

DÍA 20

 

            La serenidad no habita el acto de nacer. En el parto no hay silencio. Salí al mundo gritando, rompiendo todo, manchando de sangre. Luego me arrancaron el cordón por el cuál recibía alimento. Pasé sin escalas del calor del vientre a las manos congeladas de una enfermera alcohólica. Mi cabeza es más pesada que mi corazón. Aprendí a jugar con armas de guerra. En la escuela me hicieron correr hasta vomitar. Tuve que pasar al frente a explicar el funcionamiento de las mitocondrias. La primera vez que quise bajar del colectivo en movimiento caí al piso y además de romperme la pierna descubrí el orgullo. Me enamoré de mujeres que vieron en mi pecho el blanco para sus tiros. Conocí más drogas que ciudades. Pasé más tiempo en bares que en picos de montaña. Recibí más explicaciones que abrazos. Ahora voy a los empujones para hacerme un lugar en el mercado laboral y ando a los codazos para entrar al subte. Veo la publicidad de lo que nunca tendré mientras busco un billete olvidado en alguna parte de la campera. ¿Cómo quieren que me calme?  

 

DÍA 23

 

El gato que se fue, los hamsters muertos en riña, un par de canarios envenenados, mi colección de chapitas. La tarde de lluvia en el parque vacío, la remera que tenía puesta el día del ascenso a primera, mi mejor amigo de la primaria, una novia que pensé que duraría. Mis bisabuelos, el disco de Tom Waits, dos o tres certezas, la pelota saltarina. El libro de Castaneda, la chica que conocí en el norte, mi primera poesía, la carta de Leila explicando que sólo quería mi amistad. El auto de plástico que me gané en la kermesse, la reina batata, mis muñecos que jugaban a formar fila, la frazada con dibujos de motos. Todo tiene que estar en alguna parte.   

 

DÍA 27

 

En la ventanilla la mujer me preguntó dónde trabajaba, entonces respondí: ¿Vio esas mañanas de brújulas desorientadas, cuando la sombra de los balcones proyecta formas que conocemos de lo sueños? Allí, en el momento preciso que sentimos nuestro pasado antílope. Al girar el mandala o cuando los pájaros hacen cantar al hijo que todavía no llegó. En el eclipse de cuerpos que son los abrazos sinceros o cuando el zapallo está en flor. En los atardeceres de playa, cuando se fueron todos y el mar aprovecha para nadar desnudo. Durante los desayunos de pan tostado o cuando la ardilla que me visita desde pequeño confunde mi cerebro con una nuez y se lo come de a poco. En las madrugadas despiertas cuando la hoja en blanco se mancha de esto que intento decirle. Cerca del sol, donde se puede ir descalzo y en puntas de pie a sanar sutilezas. ¿Vió cuando siente que existe desde siempre? Ahí es donde trabajo.

La mujer me miró frunciendo el ceño. Dijo que tenía una sola línea para completar. Luego preguntó si eso quedaba cerca de la Oficina Central. Hice silencio. La mujer anotó desempleado.

 

Comentarios (5)add
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escrito por el corrector , 29 06, 2008
¿sigue capitaniando? hijos de puta
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escrito por arthur bribón , 29 06, 2008
yo que la mina te metia la flor en el zapallo
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escrito por el corrector , 29 06, 2008
¿proyecta formas que conocemos de LO sueños? escriban bien
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escrito por matasi , 31 08, 2007
Cuando creo que puedo llegar a escribir realmente biem leo cosas como las q escribiste arriba y me convenzo q no soy casi nadie.tu a lma es inquieta , nostalgica , autista , pensante (q dilema).weno me despido felicitandote por este collage almistico.
...
escrito por grisa , 07 05, 2007
Mirá vos, la primera.. qué loco ese aviso abajo, re merchandaising: SEA EL PRIMERO EN COMENTAR ESTE ARTÍCULO! jajajaj compro compro! (??)

Ja! Diego Skliar, te estoy escuchando vía online a través de La mar en coche.. (Bueeena la cantidad de cosas que hay en \'nosculminarán\'!!! jajaj grosísimo eso)

Y bueno.. no pude estar esa vuelta... me-la-per-dí... buh! Pero bueno, yo atenta esperando el próximo.. desde acá lo difundiremos con ganas y orgullo smilies/wink.gif


Paz-
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