la última vez que intenté parpadear sufrí un ataque voraz de gusanos sanguinarios miré el punto difuso que ascendía en espiral hacia los cielorrasos oscuros
y entonces tuve que clavar la aguja entre la pestaña y la córnea repitiendo aquel mantra que recordaba a una princesa azteca durmiendo sobre la roca lacerada de un peñasco amarillo
nada cambió salvo la verdosa sonoridad que goteaba sobre la mejilla, lenta hacia una comisura cosida reptando de a poco cayendo en el mármol blanco de aquel jacuzzi burgués
y si te chupo el dedo no es por lujuria o aburrimiento es el eterno Retorno la perfecta Succión Mi manera frustrada de encontrarte el alma escondida entre las uñas.
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poesía y arte contemporáneo
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