el camino esta rodeado de espirales
y lo único cierto es la companía seca de los párpados
la caricia inconstante de la corriente abismal
que cada vez es mas espeso
mas insoportable
y mas familiar
(2)
0.
Un goteo lejano
y otro
se desvanece despacio mientras se hace evidente
sombras movedizas en forma de barras proyectadas desde mi persiana
por las luces de un automóvil que pasa
y otro
se desvanece de repente cuando caen los párpados
el aullido feromónico de una gata desde la calle
y otro
se aleja a medida que la arrastran
el mismo sonido de alguien correr
)hay otro todas las noches(
desaparece mientras creo que en realidad lo imaginé cada noche
queriendo decirme algo
una voz que habla en su propio idioma que de alguna manera entiendo
aparece solo para molestar, para descumplir mis motivos
y ninguna más
No se desvanece.
(3)
¡Piedad!
algo
algo esta sucediendo
esta sucediendo
sin control
y se expande
se expande y oxida
oxida el viento y la noche y el silencio
sin control
sin control se desparrama
se desparrama cruel sobre la libertad
sobre la libertad de las posibilidades
las posibilidades…
y golpea
golpea con furia roja
con miedo transparente
encierra con niebla y astillas
astillas de todo
todo se ha confabulado para romperse
y afilarse
afilarse con la noche oxidada
con mis huesos; con mis dientes
con mis dientes que se agrietan
el óxido se agrieta
y la libertad de niebla furiosa
las posibilidades transparentes desparramadas
en plástico
plástico y vidrio
y astillas
más astillas
el viento; el óxido;
las paredes; el rojo;
el filo; mis huesos;
la furia; el miedo;
¡la niebla! ¡los gritos! ¡mis huesos! ¡el plástico!
suceden
sin piedad
pausas inútiles
exponenciales
retorcidas
pausas llenas de esto
que se expande
se expande y sucede
y sucede y se oxida
llenas del intenso insomnio
que no hace silencio
ni se tranquiliza
se tranquiliza
y cree que sueña
entonces duda si despierta
despierta
despierta
(4)
Quitina - animales de Oniria
estoy cansado
de ser
solo este mono pelado y redundante
inevitablemente retorcido
entramado sobre el hipotético centro
no tener una cornamenta
bordes de marfil
y un alma de cuerdas
no ser el acido tentáculo de una medusa
el ultimo anillo de la corteza de un árbol
que lo hace la primera
esperando la combustión; el relámpago que lo anuncia
la lenta agonía
las lenguas del fuego
No tener una cola de plumas
Ni una grieta a través de las hectáreas de mi cuerpo de hielo
no eyacular veneno por mis colmillos
ni colgar de un hilo de tela, expectante, alerta
o sentir todos los pasos de una estampida desesperada recorriéndome
no ver en la oscuridad, ni tener pupilas verticales
cansado de no ser un incendio
cansado
de ser
solo una tormenta
que se aleja mas allá de los limites de Oniria
(5)
mas cero
llueve
descanso.
pienso. me ensolo. me entierro. recuerdo. me apago. me aburro. me cauterizo.
entorpezco. me desmolecularizo. desaparezco. me inlejo. me encierro.
espero. olvido
pero no
anochezco. me disecciono. me marco en mi territorio. me río a mi mismo. me
camino. me husmeo. me hago asimétrico. enmierdizo. enfermo. me borroneo.
resueno. me invento. me eclipso. lluevo. escribo. espero. me repito. espero.
encuentro
pero no
olvido la siguiente palabra. no termino.
(6)
Sin tituloLlegué a la puerta del hospital a las 4 de la mañana. Había estado lloviendo unas horas antes, y la calle parecía pintada con alguna especie de esmalte óxido. Llamé al ascensor y vacío miré el lobby. Cada pasillo de hospital parece tener su propio perfume de asepsia exagerada, veneno contra cucarachas y sangre, solo por casualidad.
Miré la habitación.
M.
Abrí la puerta.
Un hombre estaba durmiendo en la camilla, pálido, en una posición demasiado lánguida para alguien que aún no ha muerto. Me presintió estar cerca y abrió los ojos lentamente. Hablé bajo:
- Quería venir a hablarte de un asunto bastante serio. –
La camilla se sacudió de golpe; el muchacho se incorporó de repente, enfureciéndose, saltó de la camilla directamente al aire detrás mío
y comenzó a golpear a alguien imaginario, creyéndose sentado en su estómago, sacudiendo torpemente los brazos hacia un supuesto rostro. Gritaba desentonando, lo puteaba en rojo. Intentaba echarlo del lugar; pero aparentemente el otro no respondía, se enfureció y empezó a estrellarlo contra las paredes en lo que entendía de su mímica estúpida mientras su bata verde se sacudía.
Saqué el arma de mi bolsillo.
Aun recuerdo como todo empezó. Solo estaba en una fiesta comprobando la extensión de mi sociofobia, cuando entró por la puerta un verdadero idiota. Se acercó directamente hacia donde yo estaba, y comenzó a hablarle a la persona con quien estaba conversando. Hablaba gritando en los momentos equivocados, hacía gestos torpes demasiadas veces en muy poco tiempo y tardaba en callar. Tomé nota de las primeras expresiones de la enfermedad. Volvió cuando estaba en el parque de la misma casa, fumando.
Seis días después estaba sentado en mi cama y el idiota entró por la puerta de mi cuarto. Lo miré y antes de que pueda reaccionar comenzó a hablar acelerado, más estúpido que nunca. La puerta se abrió y mi padre entró, preguntándome que pasaba. Se quedó petrificado mirando al idiota. En ningún momento pareció verme. Lo intentó tomar de los hombros y sacudirlo, pero el idiota no reaccionaba.
Entonces lo llamaron por mi nombre.
Pronto mas familiares llegaron a la puerta y comenzaron a desesperarse, yo también. Grité y no se dieron vuelta, golpeé en un estúpido impulso la biblioteca y unos libros cayeron, estaba seguro: uno de ellos se asustó y se alejo unos pasos.
Tomé una birome; uno de los libros caídos y escribí en la contratapa: “ESTOY AQUÍ” mientras el imbécil seguía en su nudo cacofónico.
Creo que algunos entendieron.
Me contaron que ellos podían verme solo a mí, hablando constantemente, forzando la voz, haciendo muecas, mientras el resto de mi cuerpo estaba adonde yo me sentía ahora. Sin embargo el idiota estaba contra la pared, no en donde yo me encontraba.
No debía haberme sorprendido tanto por aquello. Después de todo, era posible.
Me contó todo mientras tenía sus manos levantadas, horizontales al suelo, aparentemente sosteniendo el cuello de nadie que ya no respiraba. Entonces yo le conté que no veía a nadie en la habitación, salvo a él y a su pálido culo asomando detrás de la bata verde, también le conté que hacía tres días que no podía salir del hospital, que de noche nadie parecía capaz de verme, ni era capaz de interactuar con ningún objeto, salvo los que aparecían azarosamente en mi bolsillo. Estaba cansado de las escaleras en espiral abiertas del edificio y
casi enloquecí dándome cuenta
Que ya había sucedido.
Me llevé el arma a la boca
Pensé en cosas que nunca sucederán
Recordé una canción
y la suave voz
que
Moría
cada compás
recordé el sillón
y luego
he olvidado.
hoy entré al hospital
y había una multitud
parada
delante de una puerta que decía
“M”
No podía pasar entre la gente,
no querían moverse
pregunte a una niña que había sucedido
y me contó
que allí había tres cadáveres
Uno que llevaba la puesta
la bata verde
de otro que yacía a su lado
mientras otro
hecho de heces
estaba sentado en la silla al lado de la camilla
con un arma en su mano.
Se tentó inocentemente
cuando me contó que había
dos manchas de sangre en la pared
y una de mierda en el techo.